Energía solar en el monasterio de Poblet, por Antonio Cerrillo

El monasterio de Poblet, un símbolo de las raíces culturales y religiosas de Catalunya, se está transformando en un santuario ecológico, en un escaparate de las más modernas y respetuosas maneras de aprovechar la energía, el agua y los residuos. Desde que hace cuatro años, Lluc Torcal asumió su responsabilidad como prior, la comunidad cisterciense ha emprendido un vasto plan de actuaciones para reducir el impacto de las actividades sobre el entorno y lograr su plena integración natural.

La comunidad se abastece de energía solar fotovoltaica; dispone de cuatro zonas con captadores solares para calentar agua, y está prescindiendo del fuel para reducir la emisión de gases y mitigar el calentamiento del planeta. La huerta produce los primeros cultivos ecológicos y todos los residuos, incluidos los restos forestales, se reciclan. El autoabastecimiento se impone en esta comunidad que intenta actualizar el ora et labora a los nuevos tiempos con conciencia de un mundo terrenal insostenible.

Pecado es también dañar el medio ambiente: desfigurar la perfecta creación de Dios, viene a decir Lluc Torcal, el prior, quien predica con el ejemplo.

"Vivimos en pleno de proceso de reconversión ecológica", sentencia el prior Lluc Torcal (Sant Cugat, 1971), un hombre de frases rotundas. La congregación cisterciense hizo una declaración en el año 2009 a favor de favorecer el respeto al agua y la tierra, y apostó por una "progresiva substitución de los combustibles fósiles y contaminantes por otros limpios y renovables, como la energía solar, la eólica y la geotermia".

Y en ello están. "Los cuatro monasterios cistercienses estamos intentado recuperar una plena integración en la naturaleza en la medida de sus posibilidades. Ésta es premisa con que se enfocan nuestras acciones en materia de energía, uso del agua, agricultura y residuos" dice el monje, físico y teólogo. "Queremos vivir inmersos en armonía, y por eso reducir nuestra huella ambiental con el entorno es clave".

El monasterio ha reducido un 50% sus consumos de energía en sólo tres años, gracias a un plan de eliminación de las ocho calderas de fuel oil que contaminaban el lugar con espesos humos y sus malos olores. Ahora sólo quedan dos. La necesidad de ahorrar energía es más que comprensible, pues se debe calentar 12.000 metros cuadrados de espaciosas estancias con techos altos.

Todo esto se ha concretado en la construcción de una moderna cubierta solar fotovoltaica en el techo del Palau de l’Abat (20 MW), que produce 25.000 kWh al año, el equivalente al consumo de unas 8 hogares (una décima parte del consumo total).

La innovación es otra joya para una arquitectura singular. En el tejado del Palau, se han colocado cintas fotovoltaicas perfectamente integradas en la rehabilitación del edificio, de manera que se evitan las filtraciones de agua y, desde el exterior, resultan totalmente invisibles. Es una perfecta simbiosis entre la piedra medieval y una fuente de energía (solar) con voluntad de ser también milenaria y perdurable.

La electricidad generada se vende a la red de transporte y suministro. "Ahora, estamos esperando la normativa sobre autoabastecimiento eléctrico", dice Lluc. Así, se aprovechará in situ la energía eléctrica producida y el excedente se entregará a la red.

En estos años, se han colocado, además, captadores solares para calentar agua caliente sanitaria en cuatro casas del complejo arquitectónico (Cases Noves, Cases del Germans, del Noviciat y la Abadía). Así, se ahorra energía para calentar agua, sobre todo entre los meses de mayo y octubre.

El uso de las energías renovables es intenso en todo el recinto. También se han colocado farolas fotovoltaicas LED situadas en los accesos del monasterio, la entrada del Palau de l´Abat y junto a la hospedería.

Por todas estas actuaciones, el monasterio es candidato a obtener los Premios Solar, de la Asociación Eurosolar, que reúne las empresas del sector.

La comunidad propuso hace dos años levantar una central fotovoltaica para cubrir el parking del monasterio, pero la junta rectora del paraje natural de Poblet – organismo de la Generalitat encargado de conservar este enclave-lo desestimó. Pero eso no ha impedido nuevos proyectos.

Y, como defensor de las fuentes limpias, la meta de Torcal es ahora instalar pequeños molinos eólicos, camuflados en la granja o en las torres. "El proyecto se retrasa algo, pues la empresa suministradora no nos los entrega; parece estar en crisis", bromea el prior.

Lluc, un hombre de formación científica, se documenta en Internet buscando las tecnologías más eficientes y duraderas. "Hasta que no encuentro lo que busco, no paro", confiesa en la relajante sala de acogida del monasterio. "Como cristiano, nuestro interés por la preservación del medio ambiente es lógica, porque el agua, la tierra o el sol forman parte del misterio de la creación, que es una de las cosas que Dios nos da", explica.

Se trata, dice, de retomar el principio de autarquía monástica como fuente de armonía con la naturaleza y actualizar las viejas raíces de la orden del Císter, que transformó los bosques en tierras y pastos colonizando espacios surtidos de agua, accesibles, aislados o pantanoso, pero con el ánimo de no destruir sus ecosistemas, según explica la comunidad cisterciense.

Por eso, "también hemos reducido un 80% el gasto de agua", dice Lluc Torcal. Pese a la abundante agua procedente de las montañas, en verano faltaba agua para regar. "Gastábamos un millón de litros, pero no entendíamos por qué nos faltaba; hasta que identificamos las fugas de los depósitos y se inició el proceso para reparar la red de suministro", añade.

El mismo afán que se pone para maneja con cuidado el agua explica que se hayan sustituido los detergentes convencionales por otros ecológicos para reducir su carga contaminante de los caudales residuales (que van a la depuradora de l´Espluga de Francolí). En el monasterio y en la hostería, se han instalado aparatos que reducen el consumo de agua (difusores de grifos y duchas ecológicas) que ahorran el 65% de agua; y, especialmente, orgulloso se siente Lluc con las duchas de efecto Lenard (que limpia el cuerpo sin usar jabón gracias a su poder ionizante y bactericida que hace innecesario el uso de cremas hidratantes). "Fui el primero que lo probé; y como nadie se alejaba porque oliera mal, lo hemos ido extendiendo; ahora la usamos incluso en la hospedería", bromea.

El reciclaje forma parte de lo cotidiana. Los residuos orgánicos son sometidos a un proceso de compostaje, con un sistema de descomposición (anaerobia) que permite obtener un resto líquido que se usa como fertilizante para el huerto, mientras que otra fracción sólida se puede utilizar para alimentar las ave. De hecho, desde hace años se lleva a cabo el reciclaje de papel, vidrio… o la ingente cantidad de desechos de la hospedería. Además, se están reduciendo los envases con compras a granel sin envoltorios.

El monasterio desarrolla un proyecto para calentar otra parte de recinto mediante una central de biomasa que quema restos forestales, leña y demás (cáscaras, piñones…). En este caso, la tecnología usada (pirólisis, poca presencia de oxígeno) permite evitar la generación de cenizas, y se obtienen unos restos que incorporan CO2 , con lo cual se evitan las emisiones que calientan la atmósfera, explica. "No sólo tenemos así un balance neutro de emisiones sino negativo, porque el CO2 queda carbonizado", explica el monje físico.

La filosofía de autoabastecimiento se impone. Se recogen las olivas, las nueces y los árboles frutales; se cultiva un huerto de 850 m2 con cultivos ecológico, y se incrementa el consumo de productos procedentes de empresas y granjas próximas que practican la agricultura y la ganadería ecológica.

La Declaración de la congregación cistercense sobre la relación de los monjes y el entorno natural (del 2009) ya puso los cimientos para aunar cristianismo y ecología. "En la década de 1990, por primera vez en historia, la humanidad consumía más de lo que la biosfera podia producir", dice el documento. La comunidad de Poblet quiere poner su granito de arena para cambiar ese rumbo errático.

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