Eólica y energías renovables: Nuevo proyecto eólico de 150 MW en Argentina.

Energías renovables y eólica en Argentina, alternativas a la dependencia

REVE

Argentina puede aspirar a contar con un aporte del 20 por ciento de energías renovables en el 2020, utilizando tecnologías y procedimientos conocidos.

Ante la pérdida de autoabastecimiento energético, un programa tendiente a superarlo debería involucrar a las energías renovables en la generación de electricidad.

-Es más previsible y estable el régimen de vientos y la radiación solar a lo largo de un año que el agua disponible para las instalaciones hidroeléctricas.

La eólica y la solar son claramente opciones intermitentes, aunque el término aleatorio debe usarse con cuidado, porque depende del marco temporal.

El propósito de esta nota es brindar algunas precisiones que consideramos importantes en relación con el artículo de Claudio Scaletta sobre energías renovables titulado “Alternativas e intermitentes”, publicado el domingo pasado en el Cash. Es cierto que, poco a poco, se va haciendo “casi un lugar común” señalar que, ante la pérdida de autoabastecimiento energético, un programa tendiente a superarlo debería involucrar, como un pilar fundamental, las energías renovables en la generación de electricidad. No obstante esta obviedad, subsisten malos entendidos y serios prejuicios, como ocurre en la nota citada.

Antes que nada, hay un punto importante por clarificar. Scaletta menciona, entre las principales energías renovables, a los biocombustibles. Eso no es así, los biocombustibles han sido pensados como una alternativa de reemplazo a los combustibles líquidos utilizados en el transporte, como es el biodiésel o el bioetanol. Y si bien merecen muchas de las críticas que la nota señala, no es muy pertinente incluirlos en esta discusión. La fuente renovable de origen vegetal con real potencial para la producción de energía eléctrica y cogeneración es la biomasa, básicamente utilizando residuos sólidos provenientes de las industrias forestales, alimentarias y otras. En 2009 la FAO estimó para Argentina un potencial teórico que indica que la mitad de la energía primaria podría ser aportada por recursos de biomasa existente. Por supuesto, ese potencial necesita ser debidamente analizado para proyectar su utilización a gran escala, para garantizar su uso sostenible.

A la anterior opción, que representa una porción significativa en cualquier escenario energético “verde”, debemos sumar al biogás, otra fuente biológica que puede ser utilizada en gran escala para la generación eléctrica. Vemos aquí que el “menú ecologista” no se basa sólo en “eólica y solar”. Por eso, la explicación de que los ecologistas sólo hablan de eólica y solar porque en Europa son las energías que se promocionan, y sólo repetimos el libreto, resulta bastante desajustado.

Las bondades señaladas para estas energías (no contaminantes, inagotables y gratuitas) son ciertas, pero se marcan como desventajas la intermitencia y aleatoriedad. En primer lugar, el uso de la biomasa no tiene nada de esto; su utilización es similar a cualquier planta térmica convencional. En cambio, la eólica y la solar son claramente opciones intermitentes, aunque el término aleatorio debe usarse con cuidado, porque depende del marco temporal. Es más previsible y estable el régimen de vientos y la radiación solar a lo largo de un año que el agua disponible para las instalaciones hidroeléctricas.

La intermitencia de la eólica y solar en nada impide que estas fuentes estén siendo desarrolladas a gran escala en cada vez más países. La distribución geográfica, el diseño de las redes, la gestión de la demanda y la multiplicidad de fuentes hacen estable el sistema. En Argentina estamos muy lejos de alcanzar niveles de penetración de eólica como para pensar en desequilibrios de la red, y se puede perfectamente aspirar a contar con un aporte del 20 por ciento de renovables en el 2020 utilizando tecnologías y procedimientos conocidos y la infraestructura actual.

Por otro lado, no hace honor a la verdad el asignar a fuentes como la nuclear un funcionamiento de 24 horas sobre 24. Su porcentaje de funcionamiento a pleno es del 80 por ciento, y las demás fuentes son menores aún. Hoy un parque eólico realizado seriamente posee un factor de capacidad del 40 por ciento; es el caso de Rawson.

Por otro lado, es un desacierto hablar de energías renovables y asociarlas con “potentes subsidios”. Mejor dicho, esto resulta una mentira flagrante cuando se compara con los subsidios que reciben los hidrocarburos o la energía nuclear. La propia Agencia Internacional de Energía señala la necesidad de disminuir, a escala global, los subsidios a los hidrocarburos como un mecanismo de equilibrar la cancha para que entren a jugar las renovables.

A la creciente sangría de divisas que representa la balanza comercial energética, la única respuesta económicamente competitiva, rápida de implementar, por ende con rápidos resultados en ahorros de dólares y sostenible en el tiempo, son las energías renovables. La energía eólica es más económica que la electricidad en base a los combustibles importados.

Sólo los prejuicios y una muy extraña lógica económica impiden que estemos desplegando el enorme potencial de que disponemos en renovables. Un potencial inmenso y más seguro en términos energéticos y económicos que Vaca Muerta, usando un recurso inagotable y gratuito.

Por Juan Carlos Villalonga y Roque Pedace, Los Verdes