La seguridad de los vehículos eléctricos

Los socios del Proyecto Europeo Optibody, creado para mejorar la seguridad pasiva de los automóviles impulsados con energía eléctrica, se reúnen en Zaragoza por primera vez tras la firma de su acuerdo en Bruselas. En él van a participar diez organizaciones de España, Italia, Polonia y Suecia.

El Proyecto Optibody cuenta con un presupuesto aproximado de 3 millones de euros, que se destinarán a la investigación de un nuevo concepto de arquitectura estructural modular para furgonetas y camiones ligeros eléctricos y que buscará una mejora de la seguridad pasiva de estos vehículos. Este proyecto está coordinado por Juan José Alba, miembro del grupo Vehi-Vial del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón de la Universidad de Zaragoza.

En un futuro escenario, donde las estructuras de los coches eléctricos dejarán nuevos espacios libres, el Proyecto Optibody estudiará su aprovechamiento para mejorar la seguridad pasiva, centrándose en furgonetas y camiones ligeros, aunque posteriormente puedan ser aplicadas a otro tipo de vehículos.

En un plazo de 10 a 15 años la Agencia Internacional de la Energía prevé una presencia significativa de vehículos eléctricos en la flota automovilística mundial, por lo que se están desarrollando nuevas tecnologías que tratan de mejorar diferentes aspectos como la eficiencia, la estructura y la seguridad, y así poder presentar en el futuro vehículos competitivos que puedan salir al mercado.

Su punto flaco es la autonomía

Una de las ventajas con las que va a contar el Proyecto Optibody es la experiencia de sus socios industriales en la fabricación de coches que servirá para establecer de antemano qué avances derivados de la investigación son adecuados para la producción en masa de vehículos, lo que supondrá adelantarse a otros países que pugnan por este tipo de tecnologías como son Estados Unidos y Japón.

Además una arquitectura modular permite la posibilidad de mejora de la eficiencia, ya que podrán ser optimizados en términos de coste; una mayor libertad de diseño; y la integración con otras tecnologías como las pilas de combustible, los vehículos híbridos y el uso de baterías, lo que abre el abanico de aplicaciones y le confiere un futuro prometedor. Así pues, este nuevo concepto representa una oportunidad de mercado no solo para los grandes fabricantes de vehículos sino también para las empresas y PYMES encargadas de la fabricación de los distintos componentes.

Actualmente el uso de este tipo de vehículos se circunscribe a áreas urbanas, ya que son muy ligeros y optimizan el consumo de energía, pero su autonomía sigue siendo un gran inconveniente. Se utilizan como utilitarios y vehículos funcionales que prestan servicios de limpieza, recogida de basuras, etc.

En este aspecto, cabe destacar que aunque en los últimos años se ha reducido la siniestralidad también en las áreas urbanas, el número de accidentes que causan víctimas y daños en vehículos y mobiliario urbano es notablemente alto. Por ello es necesario investigar la seguridad pasiva de este tipo de vehículos, que en el futuro tendrán una presencia significativa en nuestras calles e interactuarán con peatones, ciclistas y motociclistas, los usuarios de las vías más débiles cuando se produce un siniestro.

Los vehículos eléctricos con baterías de litio no emiten CO2 ni dañan el medio ambiente, siempre que la electricidad provenga de energías renovables, como la eólica, la energía solar fotovoltaica y la termosolar. Los aerogeneradores podrán suministrar la electricidad al vehículo eléctrico, que en un futuro servirán también para almacenar y regular la electricidad intermitente del sector eólico.

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