Europa hacia una economía baja en emisiones de CO2 para 2050

La Comisión Europea adoptó el 8 de marzo un plan de trabajo para que la Unión Europea tenga una economía baja en emisiones de carbono y competitiva para 2050. El programa de trabajo describe la manera más barata y eficaz para alcanzar el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050 y orienta las políticas sectoriales y las estrategias nacionales y regionales en materia de reducción de las emisiones de carbono, así como las inversiones a largo plazo.

El Programa de trabajo de cara a unas bajas emisiones de carbono aprobado por la Comisión formula el modo más eficaz de alcanzar el objetivo fijado por el Consejo Europeo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea entorno a un 80-95% por debajo de los niveles de 1990 para 2050. La Comisión recomienda además que Europa lo haga sobre todo recurriendo a medidas internas, puesto que los créditos internacionales para atajar las emisiones estarán mucho menos disponibles a mediados de siglo de lo que lo están ahora.

Sobre este programa de trabajo que adopta la forma de Comunicación, la Comisión Europea ha invitado a las instituciones y a los Estados miembros así como a las partes interesadas, a que tengan en cuenta su contenido a la hora de formular las futuras políticas nacionales y europeas encaminadas a conseguir una economía baja en emisiones de carbono para 2050. La Comisión considera además necesario crear programas de trabajo sectoriales específicos en cooperación con los sectores interesados.
Una inversiones orientadas a las bajas emisiones que generan importantes externalidades positivas

Se considera que conseguir una economía europea con bajas emisiones de carbono precisará, durante los próximos cuarenta años, una inversiones suplementarias anuales equivalentes al 1,5% del PIB de la Unión Europea, esto es, unos 270.000 millones de euros, además de las inversiones globales actuales del 19% del PIB. Este incremento se limitará a la recuperación de los niveles de inversión anteriores a la crisis económica en Europa y una gran parte o la totalidad de estas inversiones suplementarias se recuperarán gracias a unos pagos más bajos por el petróleo y el gas. Este ahorro se calcula en una cifra comprendida entre 175.000 y 320.000 millones de euros al año.

Además, estas inversiones orientadas a las bajas emisiones de carbono a través de tecnologías limpias, infraestructuras como redes eléctricas inteligentes y protección del medio ambiente, etc., arrojarán múltiples beneficios. Mientras que estas inversiones crean valor añadido en la UE, los costes de los combustibles revierten sobre todo a terceros países.

Además de reducir la dependencia europea de las importaciones de energía y, en consecuencia, la vulnerabilidad a las posibles perturbaciones de los precios del petróleo propugnada por el Consejo en su reunión de enero de 2011, estas inversiones estimularían nuevas fuentes de crecimiento, preservarían los empleos existentes y crearían otros nuevos. Entre las externalidades positivas destacan también la reducción de la contaminación atmosférica y de los costes que ésta entraña para la sanidad.

En general se estima que los beneficios totales de una mejor calidad del aire podrían alcanzar los 88.000 millones de euros al año para 2050. Los aerogeneradores podrán suministrar la electricidad al vehículo eléctrico, que en un futuro servirán también para almacenar y regular la electricidad intermitente del sector eólico.

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