China aspira convertirse en el líder mundial en energías renovables

China superó a Estados Unidos como el principal emisor de dióxido de carbono y sus medios publican casi a diario noticias sobre aguas o comida contaminadas.

Aún así, los gobiernos occidentales y los grupos medioambientales han saludado los planes del Partido Comunista para transformar su inexorable despegue económico en una forma de desarrollo sostenible que frene las emisiones de CO2 e impulse a China a liderar la industria de la tecnología "verde".

Los líderes y empresarios chinos confían en que su país sea uno de los primeros en abrazar la tecnología medioambiental que podría transformar el consumo global de energía en las próximas décadas, convirtiendo a China el un productor puntero de placas solares, parques eólicos y coches eléctricos.

Y es que aunque China ha sido reticente a firmar tratados internacionales para frenar el cambio climático, su movimiento hacia la energía limpia ha reforzado su credibilidad de cara a la cumbre sobre el cambio climático de la ONU que arranca en la localidad mexicana de Cancún.

"Es necesario desarrollar fuertemente las energías renovables para estar en la primera línea de la revolución energética global", aseguró el año pasado el presidente chino, Hu Jintao, durante una visita a un parque eólico en Shandong.

Hu reclamó además a las empresas chinas de energías renovables que aceleraran el desarrollo y redujeran los costes para "ayudar a mejorar la estructura energética del país".

Un año más tarde, parece que Hu ha conseguido ganarse el apoyo del director ejecutivo de Greenpeace Internacional Kumi Naidoo, que calificó de "inspiradora" su visita al parque eólico de Guanting, cerca de Pekín, diseñado para abastecer con electricidad a 200.000 hogares y para reducir en 200.000 toneladas anuales las emisiones de dióxido de carbono.

Según Greenpeace, China invierte más que cualquier otro país en energías renovables y construye una media de dos turbinas eólicas a la hora.

El mercado doméstico para energía eólica se ha doblado anualmente en los últimos cuatro años.

En 2005, China anunció planes para generar 30 gigavatios (30.000 millones de vatios) de energía eólica hasta 2020.

Pero según las previsiones de Greenpeace, de seguir con el ritmo actual de instalación de turbinas, el gigante asiático podría contar entonces con una capacidad varias veces superior a esa.

Con los parques eólicos y solares y las plantas hidraúlicas y nucleares, China quiere conseguir reducir su intensidad de carbono por unidad de producto interior bruto entre un 40 y un 45 por ciento hasta 2020, un objetivo planteado por primera vez en la cumbre climática de Copenhague del pasado mes de diciembre.

China promueve la energía limpia a través de proyectos nacionales y regionales y animando a los bancos estatales a que respalden dichos proyectos y nieguen la concesión de créditos a las empresas más contaminantes.

Sin embargo, el 90% de la electricidad china todavía procede del carbón y la dependencia de este mineral no se reducirá más allá del 85% en 2020.

El gobierno aún está calibrando la eficacia de los diferentes pilares del desarrollo "verde", incluidos los vehículos eléctricos o la tecnología de captura de carbono en las fábricas y plantas eléctricas.

"Los coches eléctricos, por ejemplo, son caros, y si se utiliza electricidad procedente de plantas carboníferas, son aún más caros con poco beneficio económico", explica la investigadora en energías Hu Xiulian, de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reformas.

"Pero si se emplea energía solar, es diferente", añade.

Según sus pronósticos, la tecnología de captura de carbono que desarrolla China no estará lo suficientemente desarrollada como para que haya grandes recortes de emisiones hasta 2025 o 2030.

Dicha tecnología tiene como objetivo evitar que el dióxido de carbono producido en plantas de carbón entre en la atmósfera.

Desde Greenpeace, Naidoo admite que el gobierno chino aún se enfrenta a "grandes obstáculos" pero apunta que está progresando en su compromiso para reducir su dependencia del carbón.

Según el ecologista, China tiene "todo el potencial para convertirse en el superpoder de la energía limpia, en el referente para el desarrollo ‘bajo en carbono’".

Los vehículos eléctricos con baterías de litio no emiten CO2 ni dañan el medio ambiente, siempre que la electricidad provenga de energías renovables, como la eólica, la energía solar fotovoltaica y la termosolar o solar termoeléctrica. Los aerogeneradores podrán suministrar la electricidad al vehículo eléctrico, que en un futuro servirán también para almacenar y regular la electricidad intermitente del sector eólico.

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