Brasil buscará un pacto ambicioso, justo y duradero para el cambio climático

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De acuerdo con el subsecretario de Medio Ambiente de la Cancillería, José Antonio Marcondes, se impone en esa cumbre conseguir un entendimiento sobre el tema de la transferencia de tecnología y sobre la necesidad de capacitación de los países en desarrollo para cumplir sus compromisos.

Brasil acudirá a la cumbre de las Naciones Unidas sobre cambio Climático (COP21) en busca de una propuesta que garantice un crecimiento económico sustentable con inclusión social y la erradicación de la pobreza.

La agenda brasileña, presentada por la presidenta Dilma Rousseff en septiembre pasado en la Asamblea General de la ONU, apuesta por una solución para el clima con un desarrollo basado en una economía baja en carbono y que permita superar la miseria y ofrezca oportunidades para todos.

Se trata de avanzar hacia un pacto que exige solidaridad global, determinación de cada una de las naciones del planeta en cuidar el medio ambiente y también crecer, incluir, conservar y proteger, destacó Rousseff en esa cita.

La propuesta brasileña, discutida con la sociedad y diferentes actores políticos, establece el compromiso de reducir las emisiones de gases que causan el efecto invernadero en 37 por ciento hasta 2025 y en 43 por ciento hasta 2030.

En este contexto, se incluye además la suspensión completa de la tala ilegal en la Amazonía para el 2030, reforestar 12 millones de hectáreas de bosques y recuperar hasta 2025 un área similar de pastoreo degradadas, lo cual garantiza el cumplimiento del Código Forestal.

El gobierno se propone también contar en 2030 con 45 por ciento de energías renovables en la matriz energética y lograr que el 23 por ciento de la generación eléctrica provenga de fuentes renovables como la eólica, la solar y la biomasa.

La descarbonización de la economía ocurrirá de manera paulatina hasta 2100, lo cual significa reducir de manera drástica las emisiones de gases de efecto invernadero y transitar hacia una economía basada en energías limpias.

Para la jefa de Estado, estas medidas son una señal de que Brasil quiere reducir las emisiones derivadas de la deforestación e invertir en nuevas fuentes de energía renovable, lo que evidencia su apoyo a que la temperatura del planeta no aumente más de dos grados centígrados.

En comparación con otras ofertas divulgadas por otros países, incluidos los desarrollados, la meta de Brasil se erige como la más ambiciosa hasta la fecha, debido a los desafíos y retos que deberá enfrentar en los venideros años.

Estas medidas serán implementadas sin comprometer el desarrollo y los programas sociales destinados a superar el hambre y la pobreza en esta nación suramericana, destacó por su parte la ministra brasileña de Medio Ambiente, Izabella Teixeira.

Según Teixeira, la COP21 requiere asimismo de pactos y soluciones concretas, no argumentos para substituir el Protocolo de Kyoto y por ello es fundamental que todas las naciones cuenten con planes nacionales ambiciosos de reducción de las emisiones de gases nocivos para el medio ambiente.

La titular, quien se reunió esta semana en Brasilia con el canciller francés y presidente de la COP21, Laurent Fabius, dijo que alcanzar un compromiso en Paris impedirá cualquier retroceso con respecto a lo que tenemos hasta ahora.

Para este país, el éxito de la reunión de París no sólo se traducirá en un gran liderazgo o en el compromiso del gobierno francés para celebrar la conferencia, sino también en el éxito de la visión brasileña de encontrar una solución multilateral a las cuestiones ambientales.

Por ello, Brasil desea un mayor compromiso de las naciones más ricas, que se tengan en cuenta las asimetrías entre los países desarrollados y en desarrollo y la responsabilidad histórica de cada uno en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Deberá asimismo existir una diferenciación en torno a las acciones a implementar por cada territorio y lograr metas ambiciosas que aseguren salud y menos enfermedades al planeta Tierra, indicó.